Los mayas nunca destacaron por tener instrumentos complejos para cartografiar las posiciones de objetos celestes, así que hacían sus observaciones a simple vista. Quizá usasen instrumentos rudimentarios, pero carecían de sextantes o esferas armilares de otras civilizaciones. Estaban especialmente interesados en ciertos objetos astronómicos muy específicos: el sol, la luna, Venus y ciertos cúmulos de estrellas y constelaciones. Estos objetos recibían toda la atención de los sacerdotes-astrónomos, que dedicaron generaciones a determinar sus rutas a lo largo del cielo (y de las estaciones).
El objeto más importante en el cielo era el Sol, que siempre ha sido reconocido en todas partes como la principal fuente de vida en la Tierra. Tonatiuh, un águila roja con un ojo enorme era el dios asociado con el astro rey. Debido a la inclinación del eje de la Tierra, el Sol aparece en diferentes posiciones en el cielo dependiendo del momento del año. Llegaron a calcular con mucha precisión el momento en el que el sol se alzaría y se pondría, y aun más sorprendente, determinaron que la duración del año solar de 365 días (como ya había mencionado anteriormente). La duración del año, en realidad, como ya sabrás, es de 365,2422 días.

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